Inventario de latidos 4

Te quiero

teñida de dignidad

Que en el abismo

que te habita

recite el eco

Que las ausencias

sean sólo las necesarias

Que las presencias

tengan sentido

Que no pisoteen

la alfombra que tejimos

con la madeja que te entregué.

Te quiero

teñida de dignidad

Con argumentos precisos

Con instrumentos punzantes

Llena de palabras

Llena de silencios

Caminante

Digna

Así te quiero.

The Blower’s Daughter- Damien Rice

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Inventario de latidos 3

El grifo gotea

Óxido.

Aprieta bien la llave, me dices

La última gota se confunde con una lágrima

Es mía, te digo. Esa es mía.

El grifo gotea

Óxido

Te giras, resignado y agotado

Aprietas la llave.

La última gota

se confunde con una lágrima.

Tuya, te digo. Esa es tuya.

El grifo salta, destrozado,

un borbotón de agua

contenida

se esparce por la habitación

Mojados…oxidados…empapados

Nos abrazamos

En el suelo de la cocina

las lágrimas se pierden

en los charcos.

Melissa Horns- Destruktiv Blues

Saúco

Era mayo.

El saúco florecía, ajeno al asma del niño

Su madre recogía las flores y los frutos, todas las primaveras, justo cuando acababan de madurar. Los frutos los utilizaba para hacer mermeladas y licores, que utilizaban durante todo el invierno, como preventivo para los constipados e incluso para menguar la fiebre. Las flores las preparaba en infusiones y eran un buen laxante, además de mejorar el hígado. A veces, secas, las hervía, las ponía en una enorme olla en la mesa de la cocina  y con una toalla envolvía la cabeza del niño y le dejaba oler. El vapor se introducía en los oídos y aliviaba las largas y dolorosas otitis.

Manuel le había enseñado dos recetas básicas que ella incorporó rápidamente a la dieta familiar: la sopa de saúco, con manzanas y un poco de harina y los buñuelos, que solía hacer para septiembre, deliciosos y acompañados de un pellizco de miel del tío Enrique.

Aquel invierno hubo largas heladas. Un manto blanco cubrió durante días todo el monte. El saúco no sobrevivió. De nada sirvió cubrirlo con plásticos, ni la manta que la abuela había tejido años antes, ni el aceite con el que intentaba proteger la corteza por las noches. El siguiente mes de mayo ya no floreció. Perdió las hojas y se secó por dentro.

Ella lloró bajito, para que Manuel no se diera cuenta. Pero Manuel, durante el verano, trajo un esqueje de un nuevo saúco de la ribera del río. Con cariño lo plantó junto al otro, introduciéndolo en la tierra suavemente y presionando a su alrededor. Tuvieron la precaución de regarlo casi a diario. En primavera volvería a germinar.

Ataque número 1

Y si un día aparece nublado

Y si un día se te escapa la voz

y la memoria

y un empujón

Y mi mano aparta tu corazón de mi vera

Y si el coraje ya no me protege

del devenir del amor

Y si un día es domingo

de madrugada

aporreas mi puerta

y no te abro

Y sólo el agua consigue mecer el dolor

de las meninges

Y si un día

desapareces

Yo recordaré lo que fuiste

dentro de mí.

Crazy Man Michael-Natalie Merchant

Inventario de latidos 1 *

El temblor sangra en las entrañas

Miro alrededor y ya no veo el mirlo

La voz del poeta suena lejana

Y se agolpan las palabras en la garganta

Al compás de un latido

se despegan del paladar

y la risa matutina

las escupe sobre el mantel.

El aire hincha un pulmón

después el otro.

Pon tu mano sobre mi corazón

y separa el coraje de él.

En algún lugar un niño no nacido llora

buscando la madre que no seré.

La saliva perfora el alma.

En tu libro encuentro un mensaje

que suplica que lo devuelva

al cajón

de los libros olvidados.

Sigo la senda

trazada por una mano caprichosa

que te puso en mi camino

y te dejó marchar.

I follow rivers-Lykke Li

*gracias a Toro por prestarme una colección de títulos

Ataque numero 16

I

De pie. Sobrevivir a un ataque de pánico

Ritmo descompensado

Fiebre y cadencia desigual en el latido

Es el corazón

el músculo destrozado.

Camina. Insiste con su bata blanca.

Me mareo. Le respondo casi desnuda.

Me elevan en una camilla. A doscientos metros sobre el suelo.

Quiero escribir. Le pido un bolígrafo a un enfermero

Me tatuo “dolor” en la piel.

Me contestan sus ojos azules:

no tengas miedo.

II

Tumbada. Otras locuras entran y salen

Un niño me mira con ojos de búho.

Me canso. Tengo sed.

Alguien me trae un vaso de agua y una pastilla.

Alguien me pone una goma en el brazo.

Alguien se gira y habla al infinito.

Alguien perfora mi piel.

Quiero escribir. Le pido un lapicero a una niña con coletas.

Me tatúo “sangre” sobre la piel.

No temas. Gritan por el altavoz

III

Sentada. Me da un papel. Me da dos

Mueve los labios pero no acierto a entender

sus palabras.

Suspiro. Bostezo

Quiero escribir. Le pido la pluma al doctor.

Me mira

aún sabiendo que no acertaré las palabras.

Me tatúo “sueño” en la piel.

Duerme. Me susurra mi abuela