Sentada en el filo de un abismo.

Viendo pasar dolores.

Se abren, otra vez, las heridas de otro tiempo.

Alguien pide fuego, y a mí

me arden las pérdidas

desde dentro.

No me podrá el vértigo,

me repito.

Pasa un perro. Pasa un avestruz.

Sobrevuela el águila.

Ya no me quedan cojines sobre el sofá,

ni colchones de plumas,

ni alfombras mullidas.

Sólo sillas de madera

donde repose la espalda.

Y el suelo, frío, de baldosa hidráulica

y geometría imposible.

Se acabó la cerveza.

Miro el horizonte,

recién despierta.

Y, hoy, por fin,

todo parece finito.

 

Agony-Nicola Testa

 

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